EL OTRO BARRIO
Este libro no me ha gustado mucho, por lo menos
el principio, en el que todo pasa muy deprisa y con demasiada exageración y
fantasía.
Ramón Fortuna, un joven estudiante de pocos
amigos, llevó un día a su casa a su compañero Valentín y a la novia de este,
Jessi. Mientras veían una película, los dos chicos luchaban por abrir una lata
de berberechos, pero descuidadamente, Ramón se pasó con la fuerza y la tapa
cortante fue a parar al cuello de su amigo. Mientras este se desangraba, Jessi
lo tomó por asesino, salió corriendo por la ventana y, sin Ramón poder hacer
nada, cayó por el edificio, justo en el momento en el que una de las Eche se
asomaba a su balcón y la chica le partía el cuello para finalmente aterrizar en
el suelo. El joven que se acababa de convertir en “asesino”, bajó al piso de la
Eche muerta, donde su perro apareció para molestarle y el chico, enfurecido, lo
tiró por las escaleras. En ese momento apareció otro vecino para amenazar al
chico, pero también acabo cayendo escaleras abajo.
Todo esto me parece muy irreal y prácticamente
imposible, pues ya hay que ser torpe o tener mala suerte para pasar de ser un
niño completamente inocente a ser el asesino de cuatro personas y un perro.
“No huía de la policía, él no sabía como se huye
de la policía, huía de sí mismo y de los
muertos.”
Desde un principio, el protagonista crece sin
saber quien es su padre. Durante su estancia en el centro de menores, conoce la
verdadera amistad y descubre un secreto que ha permanecido oculto toda su vida:
su supuesta hermana Gloria resulta que no es nada menos que su madre y Marcelo,
su abogado, su padre. Por cosas como estas, se puede decir que el
sufrimiento inicial valió la pena, pues Ramón vio por fin un buen futuro en su
vida con una nueva familia.
Lo que mas me gusta es el final del libro que
dice: “Los muertos. Nos acompañan, nos ven andar ahora al mismo paso, te ven a
ti, cómo te recuperas del que pudo ser tu destino, me ven a mí, adivinando a
tientas el mío, ¿es que no los oyes? Son los ecos que llegan desde el otro
barrio”.
La frase en sí me parece muy profunda y muy
acertada para un final, pero lo que de verdad me llama la atención es la última
frase. Siempre me gusta ver el nombre del libro reflejado en su contenido, pues
así veo la verdadera relación entre la portada y el texto, pero todavía me
gusta más cuando se hace esperar hasta el final.
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