Cartas a Julieta
Es una gran historia de amor como las que a mí me gustan, aún que a alguna gente se le pueda hacer algo empalagosa y cansina, ya que cuando empiezas a verla te puedes imaginar perfectamente como será el final, pues es una película que sigue el típico guión de las historias de este tipo: aparecen una chica y un chico y tú ya piensas que al final acabarán juntos. Este tipo de cine es mi preferido.
Está ambientada en Verona, Italia, donde Sophie y su novio se van de viaje, solo que el chico se centra demasiado en su trabajo como chef y ella busca una aventura con la que entretenerse. La verdad es que él era un buen cocinero, pero no era tan buen amante, así que a mí si me hicieran elegir, me quedaría con alguien que se preocupase un poco más por la relación, aún que cocinase mal.
Sophie encuentra un callejón en el que miles de mujeres dejan sus “cartas a Julieta” en las que cuentan sus problemas amorosos. Casualmente descubre una carta escondida tras un muro, que se debió perder hace muchos años. Ella, tal y como yo habría hecho, la leyó y decidió acudir a la casa en la que las secretarias de Julieta responden las escrituras. La chica insistió en que la debía ayudar ella y así, sin ni si quiera saberlo, empezaría una gran aventura.
Claire, la mujer cuya carta fue perdida hace 50 años, llegó a Verona con su nieto Charlie, para encontrar al que fue su gran amor a los 15 años. Sophie decidió ayudarles a buscar por toda Italia entre todos los llamados Lorenzo Bartolini, hasta dar con el bueno. En este tiempo, como era de imaginar, Sophie y Charlie se enamoran y ella decide dejar a su novio.
El día de la boda de Claire y Lorenzo, los dos jóvenes se confiesan mutuamente sus sentimientos, dando así el final de la película.
Es una historia sencilla con alguna que otra complicación en las relaciones de los protagonistas, pero toda película necesita algún problema para no hacerse aburrida.