sábado, 14 de marzo de 2015

Lectura del trimestre


EL OTRO BARRIO


        Este libro no me ha gustado mucho, por lo menos el principio, en el que todo pasa muy deprisa y con demasiada exageración y fantasía.

     Ramón Fortuna, un joven estudiante de pocos amigos, llevó un día a su casa a su compañero Valentín y a la novia de este, Jessi. Mientras veían una película, los dos chicos luchaban por abrir una lata de berberechos, pero descuidadamente, Ramón se pasó con la fuerza y la tapa cortante fue a parar al cuello de su amigo. Mientras este se desangraba, Jessi lo tomó por asesino, salió corriendo por la ventana y, sin Ramón poder hacer nada, cayó por el edificio, justo en el momento en el que una de las Eche se asomaba a su balcón y la chica le partía el cuello para finalmente aterrizar en el suelo. El joven que se acababa de convertir en “asesino”, bajó al piso de la Eche muerta, donde su perro apareció para molestarle y el chico, enfurecido, lo tiró por las escaleras. En ese momento apareció otro vecino para amenazar al chico, pero también acabo cayendo escaleras abajo.

       Todo esto me parece muy irreal y prácticamente imposible, pues ya hay que ser torpe o tener mala suerte para pasar de ser un niño completamente inocente a ser el asesino de cuatro personas y un perro.

      “No huía de la policía, él no sabía como se huye de la policía, huía de sí mismo  y de los muertos.”

    Desde un principio, el protagonista crece sin saber quien es su padre. Durante su estancia en el centro de menores, conoce la verdadera amistad y descubre un secreto que ha permanecido oculto toda su vida: su supuesta hermana Gloria resulta que no es nada menos que su madre y Marcelo, su abogado, su padre. Por cosas como estas, se puede decir que el sufrimiento inicial valió la pena, pues Ramón vio por fin un buen futuro en su vida con una nueva familia.

        Lo que mas me gusta es el final del libro que dice: “Los muertos. Nos acompañan, nos ven andar ahora al mismo paso, te ven a ti, cómo te recuperas del que pudo ser tu destino, me ven a mí, adivinando a tientas el mío, ¿es que no los oyes? Son los ecos que llegan desde el otro barrio”.

La frase en sí me parece muy profunda y muy acertada para un final, pero lo que de verdad me llama la atención es la última frase. Siempre me gusta ver el nombre del libro reflejado en su contenido, pues así veo la verdadera relación entre la portada y el texto, pero todavía me gusta más cuando se hace esperar hasta el final.